Lección 183
Reflexión
Invoco el Nombre de Dios y el mío propio.
El
Nombre de Dios es sagrado, tan
Sagrado como el
tuyo.
Invocar Su Nombre
es invocar el tuyo.
El Nombre de Dios
te recuerda quien eres.
El Nombre de Dios siempre suscita una respuesta.
El Nombre de Dios
produce un eco en la mente.
El Nombre de Dios invita a los ángeles
a rodear el lugar.
Repite el Nombre de Dios, y el
mundo entero responderá.
Hallarás una estrella, un milagro de gracia.
Todo dolor, enfermedad y aflicción desaparecerán.
Practica
sólo esto hoy:
Repite el Nombre de Dios una y otra vez...
Lentamente
vas entrando en tu interior, ahí donde preparaste su altar. No necesitas más
oración que ésta, pues encierra dentro de sí todas las demás.
El
Nombre
de Dios se convierte en nuestro único pensamiento, nuestra única
palabra, lo
único que ocupa nuestras mentes, nuestro único deseo, el único sonido
que tiene
significado. Ahora nuestra mente está absorta por completo. Dejamos que
el Nombre de Dios sea nuestra única respuesta. Mientras ofrecemos al
mundo la liberación y salvación que hemos alcanzado.
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