sábado, 05 de julio de 2008

Lección 183
Reflexión
Invoco el Nombre de Dios y el mío propio.

El Nombre de Dios es sagrado, tan

Sagrado como el tuyo.
Invocar Su Nombre es invocar el tuyo.
El Nombre de Dios te recuerda quien eres.
El Nombre de Dios siempre suscita una respuesta.
 El Nombre de Dios produce un eco en la mente.
El Nombre de Dios invita a los ángeles
a rodear el lugar.
Repite el Nombre de Dios, y el
mundo entero responderá.
Hallarás una estrella, un milagro de gracia.
Todo dolor, enfermedad  y aflicción desaparecerán.

 El Nombre de Dios te protege de cualquier
pensamiento mundano que quiera mancillar
tu santidad. Ahora la risa de la felicidad
viene a bendecir al mundo.
 Repite el Nombre de Dios e invoca a tu Ser,
Cuyo Nombre es el Suyo.
Repite el Nombre de Dios y
experimentarás el don de la gracia.
Únete a  tu hermano y en silencio
repite dentro de tu mente quieta el Nombre
de Dios junto con él. Ya tienes edificado un altar
que se eleva
hasta Dios y Su Hijo.
Siéntate en silencio y déjate llevar ....

 

Practica sólo esto hoy:
Repite el Nombre de Dios una y otra vez...

Lentamente vas entrando en tu interior, ahí donde preparaste su altar. No necesitas más oración que ésta, pues encierra dentro de sí todas las demás.
El Nombre de Dios se convierte en nuestro único pensamiento, nuestra única palabra, lo único que ocupa nuestras mentes, nuestro único deseo, el único sonido que tiene significado. Ahora nuestra mente está absorta por completo. Dejamos que el Nombre de Dios sea nuestra única respuesta. Mientras ofrecemos al mundo la liberación y salvación que hemos alcanzado.

Queremos experimentar hoy esta paz en el Nombre de nuestro Padre.
Y en Su Nombre se nos concederá.

Todo lo insignificante se acalla. Los pequeños sonidos ahora son inaudibles. Todas las cosas vanas de la tierra han desaparecido. El universo consiste únicamente en el Hijo de Dios, que invoca a su Padre. y la Voz de su Padre responde en el santo Nombre de su Padre. La paz eterna se encuentra en esta eterna y serena relación, en la que la comunicación transciende con creces todas las palabras, y, sin embargo, supera en profundidad y altura todo aquello que las palabras jamás pudiesen comunicar.
ESYDE

Tags: Dios Padre

Publicado por Desconocido @ 19:53
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